lunes, 25 de agosto de 2008

INVITACIÓN A LEER EL NÚMERO ESPECIAL DE LA REVISTA "LUGARES COMUNES" SOBRE EL AÑO 1968

Lugares Comunes nº 5 "1968"
agosto-octubre 2008
http://www.lugarescomunes.com.mx/
Sin poder explicar muy bien por qué, frecuentemente seguimos una tradición que conmemora aniversarios cada lustro, década, siglo, milenio o cada vez que uno o varios ceros segundan un dígito cualquiera. Así tenemos bodas de plata, de oro, cambios de era cristianos, muertes, Y2K, números redondos que empleamos para diseñar logotipos impresos en llaveros o playeras, casi siempre regalados en la fiesta de celebración de la empresa que cumple años; nadie festeja con el mismo ahínco el catorceavo aniversario como festeja el número veinte. Lugares Comunes en esta ocasión se ha sumado a esa tendencia y, junto con otras publicaciones y eventos culturales, presenta este número dedicado al renombrado 1968, a cuarenta años de su acaecimiento.
Son varias las generaciones que nos inscribimos en éste que podemos llamar fenómeno histórico-social, un año en muchos sentidos parteaguas de los países donde se dieron los sucesos por los que recordamos la fecha y, en general, del mundo. Para el número que ahora presentamos, hemos procurado congregar gente de distintas edades que hablen del tema desde sus muy particulares vivencias y visiones, desde los que pasaron en nuestro país el año dentro de la "militancia", hasta los que hoy en día se dedican al estudio de este fenómeno como objeto de estudio dentro de la academia. Tenemos acaso una carencia en la cobertura del tema con respecto a otras naciones protagonistas del año, como lo son Francia y Checoslovaquia/República Checa, pero en el caso mexicano, podemos decir que hemos conseguido, gracias a todos nuestros colaboradores, abarcar un pluralidad de vértices tal que significamos el 68 de manera satisfactoriamente compleja.
Como "hijos del 68" (¿nietos, acaso?), la pregunta central que ha surgido en la elaboración de este número, como les ocurrirá a muchos otros que vivieron la noche de Tlatelolco o la represión estatal que a continuación se sufrió en Latinoamérica, es la que interroga por los efectos beneficios y/o contraproducentes que nos hereda este encuadrado año. Los setenta fueron sin duda una década de conflictos y vejaciones sumamente lacerantes para la población mundial de los que hoy en día aún nos vamos quejando y doliendo militantemente, con los subsiguientes ochenta donde una decadencia cultural explota desde los Estados Unidos para ser exportada a los demás países, como el nuestro, donde sin mucho conflicto fueron compradas esas formas recalcitrantes de la sociedad, lo cual culmina con la caída de un muro que en el ambiente no dejó más que incertidumbre, apatía y desazón; no es que la URSS fuese una esperanza de vida para nadie o un otro incuestionable al cual asirse, pero la bipolaridad mundial, por más aniquilación que generase, significaba la existencia de un contrapeso que restaba más o menos equitativamente de los dos lados, después sólo quedó MTV. Nuestra generación vivió unos desolados noventa, donde las cosas, por más que en México se hayan dado fenómenos sumamente trascendentales que nos permitieron una asociación e identidad fundamentales, tal cual la manifestación pública del neozapatismo, sin contar por supuesto con todos los demás fenómenos del resto mundial, se digerían gracias al gas de un refresco que, decían, también servía para limpiar las máquinas de los caminos DINA. Nuestra generación, que creció con el 68 como una forma de vida y un emblema a colgarse en el cuello, junto con Cuba, el Ché y Marcos, tuvo que responder a los dogmatismos que nos privaban de críticas necesarias para el crecimiento de una forma políticosocial (la izquierda) y, en ciertos casos, a romper con nuestros padres para poder resignificarnos dentro de nuestra política. Hoy en día, 1968 queda como un año inconcluso en el mundo, un año al que le faltaron días y, en otros casos, al que le sobraron anécdotas.
Queremos dedicar este número a todos los que vivieron y viven una historia sin final, a los muertos y a los dolidos, a los que crecimos de ahí, a los que volvemos a esa fecha como reconstrucción de una memoria y, en otros casos, como objeto de una historia. Queremos también quejarnos de los que han abusado del recuerdo, de esos que, como en otros casos anteriores y posteriores al 68, se han beneficiado en distintos rubros a partir de la venta de su persona como víctimas. Con el trabajo que ahora presentamos no podremos concluir la reflexión, no podremos hacer una ponderación de lo que en el presente significa 1968; sin duda somos una población que vive en su cotidianidad formas sociales que esa fecha inauguró, permisos de ser que antes de entonces no teníamos en el país y que hoy en día nos son invisibles en tanto que corrientes y vitales, al mismo tiempo que muchos de los proyectos que en ese año motivaron la lucha están aún en el tintero de la utopía social, en aquella fecha sobre todo estudiantil, hoy en día, de manera lamentable y frecuente, burocrática. Retomamos el 68, un pretexto más para retomarnos a nosotros mismos.
(...) Lugares Comunes
-- http://www.lugarescomunes.com.mx/