viernes, 20 de enero de 2017

Lino y Esteban, los desaparecidos que aparecieron. Crónica de un entierro con treinta y dos años, dos meses y seis días de retraso

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 POR ADELA CEDILLO
15/03/2007
La tarde del pasado miércoles 7 de febrero arribó a la ciudad de México una camioneta pick-up procedente de Atoyac de Álvarez, Guerrero. En ella viajaban Ascensión Rosas Mesino, Tita Radilla Martínez, Julio Mata Montiel, Hilario Mesino Acosta y su yerno, miembros todos de la Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos de México (AFADEM), con quienes la Coordinación General de Investigaciones Especiales (CGIE) de la Procuraduría General de la República (PGR) había convenido hacer la entrega formal de los restos de Lino Rosas Pérez y Esteban Mesino Martínez, guerrilleros del Partido de los Pobres (PdlP) ejecutados y enterrados clandestinamente el 2 de diciembre de 1974 y exhumados e identificados entre 2005 y 2006.
            Hasta ese día, AFADEM y sus asesores jurídicos, pertenecientes a la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) habían llevado a cabo una serie de trámites que habrían hecho palidecer a los guionistas de “La muerte de  un burócrata”, debido a la negligencia, la insensibilidad y la falta de voluntad que acusaron los agentes del Ministerio Público adscritos a la extinta Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP).
Desde su creación en 2002, la FEMOSPP tenía conocimiento de la fosa clandestina en la que fueron enterrados Lino Rosas (a) “René”  y “Arturo” (de identidad entonces desconocida) en la comunidad de El Guayabillo, municipio de Tecpan de Galeana, puesto que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) había realizado una investigación previa en la que varios testigos habían declarado al respecto. Desde entonces, la FEMOSPP había ejecutado diversas diligencias, caracterizadas por su absoluto hermetismo, hasta que, en junio de 2005, practicó la exhumación de las dos osamentas en el panteón de El Guayabillo, las cuales fueron trasladadas a la capital del país para su estudio.
¿Qué circunstancias rodean la dilación de tres años para llevar a cabo esta operación, así como la tardanza de un año para identificar los restos óseos? El burocratismo, la falta de antropólogos forenses de la PGR suficientemente capacitados y sobre todo, el desinterés de los funcionarios de la FEMOSPP para resolver el caso de forma expedita, atenidos como estaban siempre al clima político nacional, son algunas de las razones que lo explican.
El anuncio del hallazgo e identificación de las osamentas lo realizó la FEMOSPP en octubre, en conferencia de prensa, y la entrega a las familias estaba programada para noviembre. Julio Mata, secretario ejecutivo de AFADEM, considera que: “como las organizaciones sociales tenían previsto hacer un homenaje de cuerpo presente a Lino y Esteban el 2 de diciembre del 2006, la FEMOSPP retrasó la entrega para impedirlo”. Y después vinieron las excusas interminables: la FEMOSPP fue desaparecida de un plumazo el último día del gobierno de Vicente Fox, se argumentó que no había presupuesto para que los agentes del MP llevaran los restos a Atoyac, que había que esperar a que la nueva oficina encargada de los casos de la fiscalía se ocupara del particular, etc. En un verdadero arrebato kafkiano, se llegó al extremo de pedir a los familiares que tramitaran ¡las actas de defunción! Después de mucho insistir, el martes 6 de febrero se notificó a las familias por conducto de AFADEM que les serían entregados los restos óseos al día siguiente, en la ciudad de México.
Pero el día siete, ni la edad, la salud o la angustia de los familiares funcionaron de acicate para agilizar las cosas. “Teníamos pendiente de que algo le pasara a Don Chon Rosas, pues tiene 83 años y se puso muy mal tras el viaje, empezó a temblar y no quería comer”, relata Tita Radilla, presidenta ejecutiva de AFADEM. Pese a todos  los obstáculos, las cosas se resolvieron favorablemente para Don Chon, quien recogió los restos de su hijo Lino en las oficinas de la CGIE-PGR, después de treinta y dos años de espera.
María Sirvent de la CMDPDH, narra la forma en la que se hizo la entrega: “Paulina Mesino, hermana de Esteban, no pudo acompañar a la comitiva de AFADEM porque se encontraba cortando café en la sierra de Atoyac y no fue posible localizarla. Por esa razón los funcionarios de la PGR no querían hacernos entrega de los restos de Esteban y nos tuvieron esperando entre las dos de la tarde y las once de la noche. Cuando vieron que la comitiva había llegado en una camioneta pick-up descubierta regañaron a sus miembros, aclarando, hasta ese momento, que se tenían que haber contratado servicios fúnebres. ¡Pero si con trabajo se había conseguido que los regidores de Atoyac prestaran una camioneta y donaran dos féretros, pues hasta la gasolina y las casetas las pagaron los familiares! Por fin los funcionarios accedieron a que sus agentes ministeriales se encargaran del traslado y custodia de los restos del DF a Atoyac. Le entregaron los restos a Don Chon en cinco cajas de plástico como urnas electorales con las leyendas Osamenta 1 y Osamenta 2. Él les dio las gracias pero les preguntó cuál era su hijo, ya que ni siquiera se tomaron la molestia de ponerles nombres a las cajas. Además nos prohibieron tomar fotos, amenazándonos con que no nos darían los restos si lo hacíamos. Y por supuesto, no querían nada de prensa”.
El viaje a Atoyac se hizo de madrugada y la mañana del 8 de febrero del 2007, Lino y Esteban regresaron a la tierra que los vio nacer. Los agentes concluyeron las gestiones en las oficinas de AFADEM y Don Chon Rosas y Doña Paulina Mesino procedieron a sacar los restos de las cajas para depositarlos en los ataúdes. En las cajas de Lino, marcadas con el número uno había un cráneo, una osamenta y ropa y en las de Esteban, número dos, un cráneo, una osamenta, ropa y zapatos.
Los restos, en un avanzado estado de descomposición, habían sido clasificados y colocados en bolsas de papel estraza, con sus respectivas etiquetas. Sin embargo, los familiares, preguntaban a cada instante: “¿esto qué es?”, con un gesto de horror y desconcierto, puesto que los huesos se convertían en polvo al menor contacto. “Este es el brazo, esta la pierna, aquí está la cabeza…” les decían quienes con suma paciencia y cuidado les ayudaban a reconstruir el rompecabezas de sus deudos.
Don Chon se desmoronó al ver así a una de las personas que más amaba en el mundo. “¡Mi muchacho! Era muy amable, el más dulce de mis hijos…” decía entre sollozos cortados. Doña Paulina, con más estoicismo, preparó los féretros (eran tan modestos que sus interiores estaban forrados de plástico y hubo que recubrirlos con sábanas blancas) y vació las cajas, sin derramar una lágrima. No así cuando se le preguntó qué sentimiento la había embargado al saber que Esteban había aparecido: “al principio mucho dolor –y sólo de acordarse llora– porque tenía la esperanza de que mi hermanito estuviera vivo. Pero después sentí tranquilidad porque al menos me lo iban a devolver”.
No obstante, como atinadamente señaló Tita Radilla, para ellos era como si sus familiares acabaran de morir. El duelo, abierto por décadas, por fin había concluido. “Dios me concedió poner los huesitos de mi muchacho en una gaveta. Ya me puedo morir en paz”, decía Don Chon a los pocos periodistas presentes. Y es que, contrariamente a lo que podría esperarse, los compañeros de Lucio Cabañas no fueron velados y enterrados en una ceremonia pletórica de activistas de organizaciones sociales, reporteros y cámaras. Las circunstancias llevaron a la sencillez y discreción.

¿Quiénes eran Lino y Esteban?
Hasta antes de la exhumación de Lino Rosas alias “René”, sólo se sabía que había caído en combate junto con Lucio Cabañas el dos de diciembre de 1974 en un enfrentamiento con el ejército en El Otatal, municipio de Tecpan de Galeana. Del otro ejecutado, (a) Arturo, se desconocía todo.
El único guerrillero detenido con vida ese día fue el joven Marcelo Serafín Juárez (a) Roberto, de quince años, a la fecha desaparecido, aunque sus captores también lo reportaron como muerto, según el radiograma 15596 enviado por el Gral. Eliseo Jiménez al secretario de la Defensa, Hermenegildo Cuenca, el cual se encuentra en el fondo SEDENA, en el Archivo General de la Nación.
Estos tres nombres completarían la lista de la célula guerrillera que acompañaba a Cabañas el día de su muerte y que fue descubierta y aniquilada en su totalidad, tras la delación de los hermanos Anacleto y José Isabel Ramos Hernández.
De acuerdo con el testimonio del delator Zacarías Barrientos Peralta, que acompañaba al ejército en esos momentos (y que sería asesinado en 2003 por revelar información confidencial a la FEMOSPP), el cuerpo de Cabañas y el joven sobreviviente fueron subidos a un helicóptero y los otros dos guerrilleros fueron detenidos, ejecutados y enterrados cerca del lugar de los hechos. Días después de los hechos, el comisario ejidal de El Guayabillo, Gilberto Ramos, declaró a la prensa, que  ambos habían sido sepultados a escasos kilómetros de su poblado, en tumbas improvisadas, y afirmó que uno de los cadáveres tenía las manos atadas a la espalda con una agujeta. Los Ramos, delatores de Lucio, se encargaron de desenterrar los cuerpos y llevarlos al panteón de El Guayabillo, sin saber quiénes eran. Todavía no lo sabemos, no del todo.
Mientras que existe una abundante bibliografía sobre Cabañas, de sus compañeros de lucha y muerte se sabe casi nada. Consternados y exhaustos como estaban, los familiares de los desaparecidos que aparecieron nos hicieron el favor de proporcionarnos información sobre sus historias de vida.
Paulina Mesino: Mi hermano Esteban nació en El Cacao, municipio de Atoyac. Debería tener 25 años al momento de su muerte. Era el menor de una familia de ocho hermanos. Mi papá murió cuando él era pequeño. Estudió hasta la primaria y se dedicaba al campo. Se casó y se fue a vivir a San Juan de las Flores. Tuvo un hijo que ahora creo está en Estados Unidos, lo dejó como de dos años. Esteban se fue de la casa para seguir al maestro Lucio Cabañas, quería que las cosas cambiaran. Desde entonces no supimos nada de él. Sí lo buscamos y nos enteramos de que había estado con Lucio en los enfrentamientos con el ejército, pero no teníamos ningún dato sobre su paradero. Mi mamá murió de tristeza por la ausencia de su hijo más pequeño. Otro medio hermano, Filemón Mesino Aguilar, fue secuestrado y desaparecido por la policía por darle de comer a los guerrilleros, ese fue su único delito. Mi primo hermano Julio Mesino Galicia también fue detenido y desaparecido por lo mismo. Una vez fuimos a México al Campo Militar No. 1 para preguntar por ellos, pero nos corrieron a garrotazos. Otro primo hermano, Pedro Mesino, quizá fue asesinado el mismo día y en el mismo lugar que Esteban, pues se cree que estaba con Lucio. Tocó la de malas que a mi familia se la llevaran, pero yo lo único que le pido al gobierno es que me la devuelva.
Ascensión Rosas Mesino: Mi muchacho nació en Agua Fría. Era chamaco, andaría por los 20 o 21 cuando murió. Su mamá y yo estábamos separados y ella murió por la época en la que él acabó la primaria. Después él estudió la secundaria técnica en Río Santiago y se puso a dar clases allá en el vallecito [Los Pilones], porque el Ayuntamiento necesitaba maestros. En reuniones de maestros conoció a Lucio Cabañas. Me platicaba de sus ideas pero yo no estaba de acuerdo con él. No he sido hombre de lucha, yo vivo de mi trabajo y así enseñé a mi hijo pero no pude cambiarle su pensamiento. Se fue de la casa sin decirme nada y no lo volví a ver, pero supe que lo buscaban porque a mí me detuvieron los guachos, me llevaron al cuartel de Atoyac, donde estuve quince días y me golpearon para que dijera dónde estaba. Me ponían una pistola en la cabeza y me pedían que declarara todo lo que supiera. Me decían “el papá del guerrillero” pero yo no sabía nada de nada. Tiempo después me puse a averiguar y supe que mi hijo andaba en la luciada. Lo último que investigué es que en El Guayabillo habían enterrado a unos muchachos que habían caído con Lucio. Le pedí a la gente del lugar, que era testigo de los hechos, que pusiera una cruz ahí. Por referencias, tenía la sospecha de que se trataba de mi Lino, pero no tenía la seguridad, hasta ahora. Me lo torturaron y lo mataron, pero prefiero no pensar en eso. De Esteban, aunque era mi sobrino, nunca supe nada.

El mérito de la identificación
Una de las paradojas más grandes del proceso de la identificación de los restos óseos encontrados en El Guayabillo reside en que, mientras los agentes del Ministerio Público de la FEMOSPP ignoraban por completo la identidad de “Arturo” (“René” había sido plenamente identificado desde 2005), los miembros del personal adscrito a su área de Investigación habían recogido testimonios de exmilitantes del PdlP, según los cuales podía tratarse de Esteban Mesino Martínez. De hecho, el borrador elaborado por los investigadores fue filtrado a la revista Eme Equis y dado a conocer en la página web del National Security Archive en febrero de 2006.
Sin embargo, la primera en percatarse del dato fue Tita Radilla, quien después de haber leído el informe filtrado buscó la información que tenía sobre Esteban Mesino, cuya desaparición había sido denunciada por AFADEM. Tita no estaba segura de informar de su hallazgo a la FEMOSPP:
- La hermana de Esteban no quería que se diera a conocer su nombre, hasta que fueran los peritos a Atoyac y pudiera yo asistirla. De esta manera accedió a proporcionar muestras de sangre para la prueba de ADN.
Mientras, un grupo de especialistas forenses coordinado por Carlos Jácome y presentado por AFADEM como su equipo pericial de confianza,  formuló uno de los tres dictámenes que determinaron las causas de la muerte de los guerrilleros. Dos sospechas fueron confirmadas casi simultáneamente: los estudios revelaron que las muestras de sangre eran compatibles con el ADN de los restos óseos y los peritajes probaron que a Lino, arrodillado, le habían disparado desde una distancia muy corta y de frente, con una metralleta. En el caso de Esteban, el deterioro de los restos impidió que se determinara la manera en la que fue ejecutado. Se trata de un peritaje revelador, si se toma en cuenta que el practicado a los restos de Lucio Cabañas sugirió que éste, herido, se había suicidado.

El tercer entierro de Lino y Esteban
Al mediodía del 8 de febrero comienza la velación de Lino y Esteban, en la modesta vivienda de Don Chon Rosas, en la colonia Mártires. La casa fue despejada por completo para recibir a vivos y muertos. El servicio funerario preparó un altar, decorado con cortinas de colores verde, blanco y rojo, por voluntad de Don Chon. Enfrente de los ataúdes fueron colocadas las fotografías en blanco y negro de Lino y Esteban, las únicas que existen. La mujer que dirige los rezos canta en latín y todo se lleva a cabo con estricto apego al ritual funerario católico.
No parece que estemos en el 2007. Tampoco se siente el calor extremo propio de estas tierras. Poco a poco llega la gente y se llena la pequeña sala improvisada. Una señora, con timidez, se acerca a preguntar: “¿qué esperanzas me dan de encontrar a mi padre y a mi esposo desaparecidos?”.  –A todos los seguiremos buscando- se escucha por ahí.
 Los hombres, reunidos afuera de la casa, empiezan a narrar sus historias personales. Pareciera que hubieran vivido el fin del mundo. Todos cuentan con varios familiares que fueron asesinados o desaparecidos en la época de la “revoltura”, como llaman algunos atoyaquenses a la “guerra sucia”.
Después de la larga noche de los dolientes, se lleva a cabo una misa de cuerpo presente en la iglesia de Santa María de la Asunción. Al terminar, un trío acompaña al cortejo fúnebre hasta el panteón tocando música popular con el particular sabor de la región. Los familiares y amigos, los curiosos y los que están de paso no llegan a cien. Con todo y los treinta y dos años de retraso, el entierro es muy emotivo y los presentes apenas pueden contener las lágrimas. Sólo Julio Mata, de AFADEM, y Rocío Mesino, dirigente de la Organización Campesina de la Sierra del Sur, se animan a hablar, externando la voluntad del reprimido pueblo guerrerense de no olvidar y de luchar por la verdad y la justicia.
Pese a los años y las adversidades, los muertos volvieron a reunirse en Atoyac. En la misma fosa en la que Lucio Cabañas fue enterrado clandestinamente el 3 de diciembre de 1974 y exhumado el 4 de diciembre del 2001, reposan los restos de sus compañeros de batalla. El 12 de febrero les fue colocada una lápida para conmemorar su lucha. El 18 de febrero el novenario-homenaje tiene lugar en El Guayabillo, en el panteón de su segunda sepultura.

¿Y los que están en ningún lado?
            Los miembros de AFADEM son coadyuvantes en las averiguaciones previas  sobre las ejecuciones extrajudiciales de Lino y Esteban y consideran que hay elementos probatorios contundentes para consignar los casos, desde las declaraciones rendidas por los testigos presenciales, hasta los dictámenes periciales. ¿Qué sigue ahora?
            -Vamos a insistir en que los militares responsables de las ejecuciones y desapariciones sean consignados, que no sean juzgados por tribunales especiales, que no sean juez y parte. Ellos cometieron un delito civil. Queremos llevarlos a la justicia civil. Pero nuestra prioridad es saber dónde están nuestros familiares.
Así, la hija del desaparecido Rosendo Radilla, que de estar vivo tendría 95 años, refrenda su voluntad de seguir buscando a los desaparecidos, hasta encontrarlos.
¿Tendrá el gobierno de Felipe Calderón la voluntad para poner fin al secreto de Estado mejor guardado durante décadas o soslayará los crímenes contra la humanidad que el ejército cometió en décadas pasadas, en aras de mantener sin fisuras su estrecha alianza con el instituto armado? 
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